Mare Incognitum
La idea apareció casi por accidente. Un periódico hablaba de los monstruos marinos que durante siglos poblaron mapas, atlas y globos terráqueos. Criaturas enormes dibujadas entre rutas de navegación, costas todavía mal conocidas y extensiones de océano que para aquellos cartógrafos seguían siendo territorio incierto.
Lo interesante no era solamente la fantasía de aquellas figuras. Detrás de muchas de ellas había observaciones, relatos de navegantes, textos de historia natural y el intento de explicar un mundo que todavía no podía conocerse por completo. Ballenas convertidas en bestias desmesuradas, serpientes de mar, peces imposibles y animales descritos de segunda o tercera mano acababan formando parte del propio mapa. Ciencia, miedo e imaginación convivían sobre el mismo papel.
De ahí nació Mare Incognitum.
Cuando F. J. Pineda le enseñó a Oriana aquellos mapas antiguos y le propuso convertir ese universo en una sesión fotográfica, la idea le entusiasmó. Después de trabajos anteriores juntos, véase La Espera, volver a encontrarse delante y detrás de la cámara resultaba natural. Esta vez, sin embargo, el territorio era completamente distinto.
La serie sitúa a Oriana entre cartas náuticas, faros, barcos, ruinas inundadas, instrumentos de navegación y criaturas que parecen haber escapado de aquellas ilustraciones antiguas. A veces las encuentra, otras intenta comprenderlas y en algunas imágenes apenas percibimos su presencia. El monstruo no siempre aparece como una amenaza. Puede ser hallazgo, misterio, vestigio o simplemente la prueba de que más allá de lo conocido todavía queda algo imposible de representar.
Mare Incognitum no pretende reconstruir aquellos mapas ni contar una historia histórica. Parte de ellos para imaginar qué ocurriría si aquellas criaturas nunca hubieran sido solamente dibujos.
Un viaje fotográfico hacia ese lugar donde terminaba el conocimiento y comenzaba el mar.
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