Escocia
Escocia es, para F. J. Pineda, uno de los lugares más bellos y emocionantes que ha visitado. Una tierra de lluvia, piedra, agua y leyenda; de hombres vestidos con kilt, gaitas, antiguos castillos, playas salvajes, profundos lochs, destilerías de whisky, bosques frondosos, ciudades llenas de vida y prados de un verde casi imposible.
Es un país de contrastes, donde el paisaje parece cambiar a cada momento. La luz aparece y desaparece entre nubes veloces, la lluvia acompaña el camino como una presencia constante y las piedras parecen guardar historias antiguas, batallas, mitos y silencios que todavía permanecen en el aire.
Este fue uno de esos viajes que dejan una huella especial, quizá también por pertenecer a una etapa temprana, a esos primeros desplazamientos que se viven con más asombro y quedan grabados con una intensidad distinta. Escocia aparece en la memoria como un territorio de descubrimiento, de belleza áspera y de emoción verdadera.
La calidez de sus gentes, la vida de sus pubs, el sonido de las gaitas, la fuerza de sus paisajes y esa mezcla de lluvia, niebla, castillos y caminos solitarios convirtieron este viaje en uno de los más hermosos y recordados.
Hay lugares que se visitan una vez y quedan cerrados.
Escocia no.
Escocia queda abierta, esperando.
Como una promesa bajo la lluvia.
Un destino al que F. J. Pineda sabe que tendría que volver, sin pensarlo dos veces.
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