Oporto

F. J. Pineda - Oporto F. J. Pineda - Oporto

Oporto

 

Oporto es una ciudad costera situada al noroeste de Portugal, conocida por sus imponentes puentes, sus bodegas de vino, sus calles empinadas y esa luz atlántica que parece cambiar a cada momento.

 

Es una ciudad de piedra, agua, azulejos y humedad. Una ciudad que no necesita mostrarse perfecta para resultar hermosa.

 

En el distrito medieval de la Ribeira, las calles estrechas y empedradas descienden hacia el Duero entre casas antiguas, fachadas coloridas, cafés, balcones y rincones que parecen guardar todavía el rumor de otros siglos.

 

F. J. Pineda visita Oporto bajo una lluvia intensa, de esas que podrían arruinar un paseo y, sin embargo, terminan regalando otra forma de belleza. Lejos de apagar la ciudad, el agua la vuelve más fotográfica: las calles brillan, los reflejos se multiplican, los colores se oscurecen con elegancia y cada rincón adquiere una atmósfera más íntima, más romántica, casi cinematográfica.

 

Oporto es el ambiente de la Ribeira, las vistas desde sus miradores, los azulejos de la estación de São Bento, las bodegas de Vila Nova de Gaia y la presencia constante del río. Es una ciudad de moda, sí, pero también una ciudad antigua, llena de capas, de cuestas, de sombras y de sorpresas.

 

Oporto es un flechazo. Un amor a primera vista. Basta con asomarse a alguno de sus miradores y quedarse mirando el Duero, caminando tranquilo hacia su encuentro con el Atlántico unos kilómetros más adelante.

 

El puente de Luís I, los rabelos que antiguamente transportaban las barricas de vino desde los viñedos del Alto Douro, la monumentalidad de la Sé y el ambiente vivo de la Ribeira componen una estampa difícil de olvidar. Pero Oporto no debe recorrerse con prisa. Hay que beberla como el vino que le da nombre: lentamente, dejando que cada matiz encuentre su momento.

 

A los habitantes de Oporto se les conoce como tripeiros. La tradición cuenta que este nombre nació cuando la población entregó las mejores carnes a los marineros que partían hacia las expediciones portuguesas, quedándose para sí las tripas. De aquella historia procede también uno de los platos más característicos de la ciudad: las tripas à moda do Porto.

 

En esta serie, la lluvia no es un obstáculo, sino parte esencial del viaje. Oporto aparece mojada, brillante, melancólica y viva. Una ciudad que se deja fotografiar sin perder su misterio, como si cada gota sobre la piedra ayudara a revelar algo que el sol, quizá, habría escondido.

 

Porque hay ciudades que se visitan.

 

Y hay otras que, incluso bajo la lluvia, se quedan dentro.


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