Fetichismo

Primer plano de una planta del pie desnudo, con el cuerpo desenfocado al fondo sobre una superficie clara. Pie hacia la cámara

Fetichismo, de F. J. Pineda

 

El fetichismo ha sido observado, analizado y discutido desde distintos territorios: la psicología, el psicoanálisis, la cultura, el arte y el deseo.

 

Algunos psicoanalistas lo han considerado un núcleo profundo de la experiencia erótica, un lugar donde el deseo se concentra en un objeto, en una parte del cuerpo, en un detalle capaz de adquirir una intensidad simbólica desproporcionada.

 

En Ensayos sobre lo simbólico, Guy Rosolato relaciona el fetichismo con los conflictos del sujeto frente a la norma.

 

Piera Aulagnier, por su parte, lo interpreta como un estado fronterizo, una última barrera antes de la psicosis, donde la fijación por el objeto permite al sujeto mantenerse dentro de los límites de la neurosis.

 

Pero más allá de la teoría, el fetichismo pertenece también al territorio de la imagen.

 

En esta serie, F. J. Pineda se acerca al fetichismo del pie femenino desde una mirada estética, simbólica y profundamente visual.

 

El pie deja de ser una parte secundaria del cuerpo para convertirse en protagonista absoluto: objeto de deseo, punto de atención, fragmento corporal y superficie narrativa.

 

Cada fotografía se detiene en la forma, la piel, la curva, la planta, los dedos, el gesto y la presencia.

 

El cuerpo aparece sugerido a través de una parte concreta, como si ese fragmento bastara para convocar una historia entera. La mirada se concentra, se estrecha, elige. Y en esa elección surge el fetiche.

 

Aquí el pie femenino no aparece únicamente como motivo erótico. También funciona como símbolo de intimidad, vulnerabilidad, juego y poder.

 

Puede ser delicado o dominante, cercano o inaccesible, cotidiano o ritual. En su aparente sencillez guarda una carga de presencia que altera la imagen y desplaza el deseo hacia un territorio más ambiguo.

 

F. J. Pineda trabaja esta serie desde la fascinación por el detalle. Allí donde otros mirarían el cuerpo completo, la cámara se detiene en una zona concreta y la convierte en paisaje. La planta del pie, normalmente oculta, se ofrece aquí como una forma de revelación: piel expuesta, huella, mapa, secreto.

 

Fetichismo no pretende explicar el deseo ni justificarlo. Lo observa. Lo compone. Lo convierte en imagen.

 

Porque a veces el deseo no necesita un cuerpo entero.

 

Le basta una curva.

Una piel.

Una huella.

Un pie detenido ante la cámara como si acabara de abrir una puerta prohibida.

 

 


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