Praga

Praga de F. J. Pineda Praga de F .J. Pineda

Praga

 

F. J. Pineda visita en esta ocasión la vieja Praga, una de las ciudades más hermosas de Europa. Situada a orillas del río Moldava, fue capital del antiguo Reino de Bohemia y todavía conserva ese aire majestuoso, misterioso y profundamente artístico que le ha valido nombres como la Ciudad de las Cien Torres o la Ciudad Dorada.

 

Visitar Praga es entrar en una ciudad que parece construida para el asombro. Sus torres, sus iglesias, sus plazas, sus puentes y sus fachadas componen un escenario donde la arquitectura se convierte en relato.

 

Cada calle parece guardar una historia, cada esquina ofrece una perspectiva nueva y cada edificio conserva algo de aquel esplendor que hizo de la ciudad uno de los grandes centros culturales de Europa.

 

Praga posee una belleza casi teatral. El ambiente medieval de la Ciudad Vieja, el trazado de sus calles, los escaparates cuidados, las plazas llenas de vida y la presencia constante del Moldava crean una atmósfera capaz de transportar al viajero a otro tiempo. Es una ciudad donde el simple hecho de pasear se convierte en una experiencia visual.

 

Todo artista debería respirar alguna vez el ambiente de sus calles. Caminar por el Camino Real, cruzar el puente de Carlos, recorrer Malá Strana al pie del Castillo de Praga, detenerse ante la Catedral de San Vito o perderse por Staré Město, la Ciudad Vieja, es entrar en un diálogo continuo con la historia, la piedra y la imaginación.

 

La Catedral de San Vito, lugar de sepultura de santos, soberanos, nobles y arzobispos, se levanta como uno de los grandes símbolos espirituales y arquitectónicos de la ciudad. A su alrededor, el castillo, los palacios, las iglesias y los miradores completan una imagen de Praga difícil de olvidar.

 

La capital checa conserva también las huellas de su historia más reciente. Tras décadas marcadas por el comunismo y por los cambios políticos del siglo XX, Praga ha sabido recuperar su pulso sin perder su misterio. Algunas heridas siguen presentes, pero la ciudad responde con belleza, cultura y una capacidad extraordinaria para seguir fascinando.

 

Praga es una ciudad para recorrer despacio: sentarse en un bar junto al Moldava, tomar una copa de vino caliente en un mercado de Navidad, subir a un tranvía, mirar sus tejados desde un mirador o dejarse llevar por la música que aparece en cualquier rincón.

 

Hay ciudades que se visitan.

Y hay ciudades que parecen abrir un libro antiguo delante de nosotros.

 

Praga pertenece a estas últimas: una ciudad bellísima, encantadora y llena de arquitectura, donde la historia, incluso cuando pesa, termina convirtiéndose en imagen.


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