Sabana en Cabopino

Retrato de Sabana sentada en un sofá, con una bata blanca, en el salón de una casa mediterránea de Cabopino, Costa del Sol. Sabana de F. J. Pineda

 

 

La conocí a través de una amiga común, de esas casualidades que a veces terminan abriendo una puerta que no esperabas. Me habló de Sabana, de su casa en Cabopino y de la posibilidad de hacer algo juntos. No hubo demasiados planes ni una idea cerrada: simplemente acordamos pasar un fin de semana allí y dejar que la sesión fuera tomando forma sobre la marcha.

 

Volver a la Costa del Sol tuvo además algo extraño para mí. Había pasado por esta zona años atrás y no pensaba regresar de esta manera. Sin embargo, el destino tiene esa costumbre de hacerte volver a lugares que creías ya archivados. Esta vez regresé con una cámara, otra mirada y una historia completamente distinta por delante.

 

La casa de Savannah terminó convirtiéndose en una parte importante de las fotografías. Empezamos casi desde la puerta, recorriendo poco a poco sus espacios, el salón, la piscina, el dormitorio y finalmente la azotea, con el mar al fondo. No quisimos construir un personaje ni convertir aquello en una gran producción. La intención era que las imágenes conservaran algo del ambiente real de esos dos días: luz, conversaciones, pausas, momentos improvisados y esa confianza que va apareciendo cuando la cámara deja de sentirse como un extraño.

 

Al final salió una sesión mucho más extensa de lo previsto y, probablemente por eso, también más personal. Estas fotografías son el recuerdo de aquel fin de semana en Cabopino y de un regreso inesperado a la Costa del Sol. A veces uno vuelve a un lugar sin saber muy bien por qué. Y otras veces la respuesta aparece después, cuando empiezas a mirar las fotografías.

 
 

Llamar