Una presencia detenida en el instante en que algo por dentro empieza a ceder, aunque desde fuera todavía parezca sostenerse.
Todo pertenece a una misma casa interior: una casa oscura, húmeda, habitada por lo que uno no dice. Sus pasillos no llevan a ninguna salida clara. Sus habitaciones guardan voces, recuerdos, culpas, miedo, cansancio. No como fantasmas ajenos, sino como partes de uno mismo que han quedado encerradas demasiado tiempo.
Esta serie habla de la resistencia cuando la cabeza se convierte en pasillo, cuando el espejo devuelve otra cosa, cuando la memoria se rompe en trozos y aun así seguimos reconociéndonos en alguno de ellos.
Porque romperse no siempre significa caer.
A veces significa seguir de pie con una parte abierta.
A veces significa mirar de frente aquello que durante años solo se pudo esquivar.
La grieta no destruye del todo.
También revela.
Por ella entra lo que estaba encerrado.
Por ella sale lo que ya no cabía dentro.
Y quizá por eso estas imágenes no buscan cerrar nada. Solo mirar de frente ese punto exacto en el que una persona empieza a romperse sin desaparecer.
|
|