DE LA CALA A CALABURRAS
Hay trayectos que no se miden en kilómetros.
Se miden en heridas.
De la Cala a Calaburras nace de un recorrido breve por la costa malagueña, una mañana de enero, dentro de un coche negro atravesando lluvia, viento y mar embravecido. Un trayecto aparentemente cotidiano que aquí se transforma en una metáfora íntima sobre el desamor, la pérdida y el lento mecanismo del olvido.
La serie transita entre el cine negro y la fotografía narrativa, utilizando el temporal de aquella mañana como reflejo emocional del protagonista. El mar golpea la carretera con violencia mientras el interior del coche se convierte en un espacio cerrado donde conviven recuerdos, silencio y traición. El humo, los cristales mojados, la oscuridad y las luces perdidas en el asfalto construyen un universo suspendido entre la huida y la aceptación.
Cada imagen representa un estado emocional distinto:
la negación, la rabia contenida, el vacío, la soledad y finalmente la calma.
Porque a veces sanar no requiere años.
A veces basta un trayecto.
Desde La Cala hasta el Faro de Calaburras, la tormenta acompaña al protagonista durante todo el recorrido, como si el paisaje respirara al mismo ritmo que él. Pero al final, casi sin darse cuenta, algo cambia. La lluvia comienza a perder fuerza. El horizonte se abre. Y la luz, tímida al principio, vuelve a aparecer entre las nubes.
No hay final feliz.
No hay olvido absoluto.
Solo la certeza de que incluso después de la peor tormenta, el mar termina calmándose.
Y el sol, tarde o temprano, vuelve a brillar.
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