Chaves
En esta ocasión, F. J. Pineda visita Chaves, una ciudad portuguesa perteneciente al distrito de Vila Real, en la región de Trás-os-Montes, al norte de Portugal, dentro de la comunidad intermunicipal del Alto Támega.
Chaves es conocida por sus aguas termales, por su larga historia como enclave defensivo y por su situación estratégica junto a la frontera con España.
Esa posición hizo que durante siglos fuera considerada una puerta de entrada al país, hasta el punto de recibir el sobrenombre de “las llaves del reino”.
Su historia se remonta a la época romana, cuando la ciudad era conocida como Aquae Flaviae, nombre vinculado precisamente a la importancia de sus aguas.
Por sus calles pasaron también pueblos bárbaros, visigodos y musulmanes, hasta que en el siglo XII quedó incorporada de forma definitiva al reino de Portugal.
Entre los grandes símbolos de Chaves destaca el puente de Trajano, también conocido como puente romano de Aquae Flaviae. Construido entre finales del siglo I y comienzos del siglo II, servía para comunicar antiguas ciudades romanas como Bracara Augusta, la actual Braga, y Asturica Augusta, la actual Astorga. Hoy sigue siendo una de las imágenes más reconocibles de la ciudad.
El río Támega atraviesa Chaves con una calma antigua, acompañando el paseo entre piedra, historia y vida cotidiana. Junto a sus aguas, la ciudad conserva ese aire de lugar fronterizo donde Portugal y España parecen mirarse de cerca, separados apenas por unos kilómetros y unidos por siglos de camino compartido.
Además de sus termas y su puente romano, Chaves es también conocida por ser punto de inicio de la mítica ruta Nacional 2, una carretera que atraviesa Portugal de norte a sur y que se ha convertido en símbolo de viaje, descubrimiento y territorio.
Salvo el fuerte de São Neutel, situado algo más alejado del centro, la mayoría de los lugares de interés se encuentran cerca unos de otros. Esto permite recorrer Chaves a pie, sin prisas, dejándose llevar por sus calles, sus plazas, sus fachadas, sus jardines y esa mezcla de ciudad histórica y tranquila que invita a caminar con la cámara preparada.
Chaves no es una ciudad que necesite imponerse al visitante.
Se deja descubrir poco a poco: en el vapor de sus aguas, en la solidez de su puente romano, en la memoria de sus murallas y en esa luz del norte portugués que parece suavizarlo todo.
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