Sequeros
F. J. Pineda continúa su viaje por la provincia de Salamanca y por la hermosa comarca de la Sierra de Francia, donde vuelve a encontrarse con uno de esos pueblos pequeños que guardan más historia de la que aparentan: Sequeros.
Situado en lo alto de una pequeña meseta, a casi mil metros de altitud, Sequeros ofrece unas magníficas vistas sobre la provincia de Salamanca y hacia la Peña de Francia. Desde allí, el paisaje se abre con esa mezcla de sierra, cielo limpio y silencio que caracteriza a esta zona.
La visita comienza en la plaza del Altozano, un espacio irregular y lleno de personalidad, donde se aprecia una curiosa mezcla de estilos según el lado desde el que se mire. Es uno de los rincones más vivos de la población y terminó ganando protagonismo cuando la plaza de Eloy Bullón se quedó pequeña ante el crecimiento del pueblo.
Sequeros vivió una etapa importante a partir de 1834, cuando, gracias a su situación geográfica, se convirtió en cabecera administrativa de la sierra. Aquel cambio transformó la vida del lugar: llegó una nueva clase funcionarial, el pueblo se amplió y comenzaron a levantarse nuevos edificios que modificaron su fisonomía.
Hoy, Sequeros conserva ese aire de pueblo serrano donde la historia aparece sin hacer ruido. Sus calles, sus plazas y sus vistas invitan a caminar despacio, a detenerse en los detalles y a comprender cómo algunos lugares pequeños han sabido mantener una identidad propia entre la piedra, la altura y la memoria.
Sequeros no necesita grandes gestos para seducir al viajero.
Le basta con su posición en la sierra, sus vistas abiertas y esa calma antigua que parece acompañar cada paso.
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