Pedraza
Pedraza es una villa medieval amurallada de la provincia de Segovia, en Castilla y León.
Uno de esos lugares donde la piedra parece haber aprendido a conservar el silencio. Su cuidada rehabilitación y el extraordinario valor de su conjunto urbano motivaron su declaración como Conjunto Histórico en 1951.
El origen de su nombre parece vincularse a la antigua Pretaria romana, aunque los primeros datos históricos relevantes se relacionan con Fernando Gómez de Albornoz, comendador mayor de Montalbán, nombrado señor de Pedraza por el rey Enrique II de Castilla.
La villa vivió su mayor esplendor durante los siglos XVI y XVII, época de la que proceden buena parte de sus casas nobles y palacetes. Aquella prosperidad estuvo ligada, entre otros factores, a la exportación de la lana de sus rebaños de ovejas merinas hacia el norte de Europa y a la calidad de sus tejidos, capaces de competir con algunos de los mejores paños que se elaboraban en Flandes.
Pedraza ingresó en 2014 en la Asociación de los Pueblos Más Bonitos de España, reconocimiento que parece encajar de forma natural con la belleza sobria de sus calles, su plaza porticada, sus fachadas de piedra y esa atmósfera castellana que envuelve cada rincón.
La Puerta de la Villa es el único acceso al casco histórico, entrada y salida de un pueblo que parece recogerse sobre sí mismo. Sus orígenes se remontan al siglo XI, aunque fue reconstruida en el siglo XVI, en tiempos de Íñigo Fernández de Velasco, señor de Pedraza, cuyo escudo preside todavía la entrada.
Sus portones, de madera de álamo negro, fueron cerrados durante siglos al caer la noche, impidiendo la entrada o salida de cualquier persona salvo en caso de emergencia. Entonces era el carcelero quien tenía la responsabilidad de abrir la puerta.
Cruzar hoy esa entrada es atravesar algo más que un muro. Es dejar atrás el ruido, bajar el paso y entrar en una villa donde la historia no se exhibe con estridencia, sino que permanece en las piedras, en las sombras de los soportales y en esa quietud antigua que Pedraza conserva como si todavía cerrara sus puertas al anochecer.
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