Ávila

Ávila de F. J. Pineda Ávila de F. J. Pineda

Ávila es una de esas ciudades que parecen levantadas para resistir al tiempo.

 

Conocida por sus imponentes murallas medievales, intactas y poderosas, la ciudad conserva una de las imágenes más reconocibles de Castilla y León.

 

Sus más de ochenta torres semicirculares almenadas y sus nueve puertas convierten el paseo alrededor de la muralla en una experiencia casi cinematográfica, como si el viajero caminara junto a una fortaleza suspendida entre la historia y el cielo.

 

La Puerta del Alcázar, situada en el lado este, es una de las entradas más monumentales y fotografiadas del recinto amurallado. Desde allí, Ávila se abre como una ciudad de piedra clara, silencios antiguos, iglesias, conventos y calles que invitan a caminar despacio.

 

Entre sus visitas imprescindibles se encuentra el Convento de Santa Teresa, levantado sobre el lugar donde, según la tradición, nació la santa. También merece una parada la iglesia de San Juan Bautista, donde fue bautizada.

 

La presencia de Santa Teresa de Jesús atraviesa buena parte de la ciudad, dejando una huella espiritual, literaria e histórica que forma parte esencial de la identidad abulense.

 

Ávila no solo se recorre con la mirada. También se disfruta en la mesa. Su gastronomía es contundente, castellana y generosa.

 

El viajero no debería marcharse sin probar sus famosos chuletones, las patatas revolconas, la sopa castellana, los judiones del Barco o las tradicionales Yemas de Santa Teresa, dulces pequeños y delicados que cierran cualquier visita con sabor propio.

 

Ávila es, además, la capital de provincia española situada a mayor altura sobre el nivel del mar. O dicho de una forma más hermosa: una de las ciudades más cercanas al cielo.

 

Quizá por eso sus murallas parecen tocar el aire de otra manera.

 

Y quizá por eso, al caminar por sus calles, uno siente que la piedra, la historia y el frío castellano todavía conversan entre sí.


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