Rota es un lugar donde la luz aprende a demorarse. Sus calles, abiertas al Atlántico y al paso tranquilo del tiempo, conservan una arquitectura que no se exhibe, sino que se ofrece con naturalidad: fachadas encaladas, balcones que miran al mar, sombras que dibujan geometrías cambiantes a lo largo del día. Caminar por Rota es recorrer una ciudad que ha sabido mantenerse fiel a sí misma, donde lo cotidiano guarda aún un pulso antiguo y sereno.
Estas fotografías nacen de una intención clara: mirar Rota sin disfraces. En un día de lluvia, bajo un cielo cubierto que apaga los brillos fáciles, la ciudad se muestra tal como es. Las calles mojadas devuelven reflejos inciertos, la arquitectura se vuelve más sobria, y cada rincón parece hablar en voz baja. Es en ese silencio húmedo donde Rota revela una belleza menos evidente, más honesta.
FJ Pineda recorre la ciudad con la voluntad de observar, no de adornar. La cámara se detiene en las formas, en los volúmenes, en la huella del tiempo sobre fachadas y calles. La ausencia de sol no resta, concentra. La lluvia limpia la mirada y permite que la arquitectura y el trazado urbano sean los verdaderos protagonistas.
Esta serie no pretende idealizar la ciudad, sino comprenderla. Mostrar Rota en un día gris es, en el fondo, una declaración de respeto: aceptar su carácter cambiante y confiar en que su identidad permanece, incluso cuando el cielo se cierra y la luz se vuelve más discreta.
Cada fotografía es una invitación a mirar despacio. A reconocer en la ciudad no solo un escenario, sino una identidad viva que se construye día a día entre la piedra, la cal y la luz.
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