Self, de F. J. Pineda
Self es una de las series más íntimas y personales de F. J. Pineda. En ella, el autor cruza por primera vez una frontera decisiva dentro de su obra: deja de situarse únicamente detrás de la cámara y pasa a ocupar también el lugar del modelo.
Hasta ese momento, su fotografía había construido personajes, escenas, cuerpos y territorios imaginarios desde la mirada del creador. Pero en Self esa mirada se vuelve hacia dentro.
El fotógrafo se convierte en sujeto, en personaje y en materia visual. La cámara ya no observa solamente el mundo exterior: empieza a mirar aquello que ocurre en las zonas más profundas del propio autor.
La serie nace influida, en parte, por su viaje a Ámsterdam y por la huella que dejaron en él los autorretratos y la vida del pintor holandés Vincent van Gogh. En aquellos rostros repetidos, en aquella necesidad de mirarse una y otra vez para intentar comprenderse, Pineda encuentra una resonancia íntima: la posibilidad de utilizar la imagen como espejo, como confesión y como forma de resistencia.
La palabra inglesa self puede traducirse como “sí mismo”. En psicología se utiliza para hablar de la identidad, de la conciencia de uno mismo y de esa zona compleja donde se mezclan memoria, emoción, deseo, experiencia y representación. Pero en esta serie el concepto no aparece como una teoría, sino como una vivencia.
Self habla del yo profundo, de aquello que no siempre puede decirse con palabras. Habla de momentos personales, de estados interiores, de heridas, dudas, sombras y transformaciones que encuentran en la fotografía una manera de salir al exterior.
Cada imagen funciona como una escena simbólica de algo vivido o sentido, aunque no se explique de forma directa.
F. J. Pineda utiliza aquí el autorretrato no como ejercicio de vanidad, sino como exploración.
El cuerpo propio se convierte en territorio de búsqueda. El rostro, la postura, la luz, el gesto y el espacio escénico sirven para dar forma a emociones que permanecían ocultas, dispersas o difíciles de nombrar.
La serie se mueve entre lo íntimo y lo surrealista, entre el sueño y la confesión, entre el retrato y la aparición. No pretende mostrar una imagen cerrada del autor, sino fragmentos de su mundo interior: partes de una identidad en movimiento, zonas de memoria, símbolos personales y preguntas que quedan suspendidas dentro de cada fotografía.
En Self, F. J. Pineda distingue entre mirar y mirarse. Entre fotografiar un cuerpo y habitarlo. Entre construir una escena y reconocer que esa escena nace de algo real, aunque aparezca deformado por la fantasía, el sueño o el dolor.
A través de esta serie narrativa de autorretratos, el autor muestra partes profundas de sí mismo. Su obra se convierte en un lugar donde el “yo” siente, recuerda y se expone, mientras otra parte de sí observa, ordena y transforma esas vivencias en imágenes.
Self es, por tanto, una serie de revelación. Un intento de sacar fuera lo que estaba dentro. Una forma de convertir la experiencia personal en lenguaje visual.
Aquí F. J. Pineda no solo se fotografía.
Se atraviesa.
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