Marcos

Retrato de mujer adulta de larga melena oscura, apoyada junto a un marco ornamental y una pared de ladrillo. Junto al marco

Marcos, de F. J. Pineda

 

Marcos es una serie dedicada al territorio de lo onírico, ese espacio incierto donde la realidad y la imaginación se rozan hasta confundirse.

 

Un lugar de sueño, deseo y artificio en el que lo cotidiano deja de comportarse con normalidad y empieza a abrir pequeñas grietas hacia lo fantástico.

 

En esta ocasión, F. J. Pineda utiliza el marco como elemento central de la imagen. Marcos de cuadros, de espejos, de pinturas imaginarias o de habitaciones simbólicas.

 

Objetos aparentemente decorativos que, bajo su mirada, dejan de ser simples límites para convertirse en puertas, escenarios y fronteras.

 

El marco separa y al mismo tiempo revela. Encierra una imagen, pero también la invoca. Decide qué queda dentro y qué permanece fuera.

 

En esta serie, esa frontera se vuelve inestable: la figura femenina parece entrar y salir del cuadro, habitarlo, atravesarlo o quedar atrapada en él, como si la pintura hubiera despertado y el cuerpo hubiese tomado el lugar de la imagen.

 

El desnudo femenino vuelve a ocupar un papel esencial en la obra de F. J. Pineda, no como simple exhibición del cuerpo, sino como presencia simbólica. La piel, la pose, la luz y el encuadre dialogan con el marco para construir una escena donde la belleza aparece suspendida entre lo real y lo representado.

 

Hay algo de pintura antigua, de espejo imposible, de sueño teatral. Cada fotografía parece preguntarse dónde termina la obra y dónde empieza la vida. Si el cuerpo está dentro del cuadro o si acaba de escapar de él.

 

Si la modelo posa ante la cámara o si pertenece a una imagen anterior, a una historia que ya estaba esperándola.

 

En Marcos, F. J. Pineda juega con la idea de la representación. El marco no solo contiene la imagen: la provoca. Convierte el cuerpo en aparición, el desnudo en escena y la fotografía en una especie de pintura viva.

 

La serie se mueve entre lo sensual y lo surrealista, entre el retrato y la ficción, entre la belleza del cuerpo y la extrañeza de verlo convertido en símbolo.

 

No hay aquí una frontera clara entre modelo, cuadro, espejo y sueño. Todo parece formar parte de la misma ceremonia visual.

Porque a veces un marco no sirve para limitar una imagen.

 

Sirve para abrirla.

Y dejar que aquello que estaba dentro empiece, lentamente, a salir.


Llamar