Sobre Ruedas

Sobre Ruedas de F. J. Pineda Sobre Ruedas de F. J. Pineda

Sobre ruedas, de F. J. Pineda

 

Sobre ruedas es una serie de F. J. Pineda construida desde su habitual territorio visual: lo onírico, lo simbólico y lo surrealista.

 

En esta ocasión, el protagonista es Óscar García, modelo parapléjico, cuya presencia ante la cámara transforma la silla de ruedas en parte esencial de la imagen, no como límite, sino como elemento de identidad, fuerza y composición.

 

Óscar quedó paralítico siendo muy joven, tras sufrir un accidente en la playa al golpearse la columna contra unas rocas.

 

A partir de esa experiencia, su cuerpo cambió, su manera de moverse cambió y también cambió la forma en que el mundo lo miraba.

 

Pero en esta sesión, la mirada se desplaza: no se detiene únicamente en la condición física, sino en la persona, en la actitud, en la presencia y en la capacidad de ocupar la escena con plena naturalidad.

 

La sesión fue realizada en un espacio público cedido para la ocasión, a puerta cerrada, en un entorno íntimo y controlado que permitió trabajar con libertad.

 

Allí, F. J. Pineda construye una serie donde la silla de ruedas no aparece escondida ni tratada como obstáculo. Está presente, forma parte del relato visual y se integra en la estética de la imagen como un signo más: vehículo, estructura, símbolo y extensión del cuerpo.

 

En Sobre ruedas, el retrato se aleja de la compasión y del tópico. No busca presentar a Óscar desde la fragilidad, sino desde la presencia. La cámara no lo reduce a su lesión, sino que lo sitúa dentro de una escena donde el cuerpo, la mirada y el espacio dialogan desde otro lugar.

 

La serie habla de adaptación, de identidad y de la relación entre cuerpo y movimiento. Habla también de cómo la fotografía puede alterar la forma en que miramos aquello que creemos conocer.

 

En manos de F. J. Pineda, la silla deja de ser únicamente un objeto funcional para convertirse en parte de una narración visual más amplia, cargada de fuerza, extrañeza y dignidad.

 

Óscar no posa a pesar de su silla.

Posa con ella.

 

Y desde ahí, la imagen encuentra una forma distinta de belleza: una belleza que no necesita negar la realidad, sino incorporarla y convertirla en presencia.


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